Competencia literaria y amor por la lectura
Munita, F. (2007) La didáctica de la literatura. Hacia
la consolidación del campo. Educaçao e Pesquisa, v43 nº2, pp. 379-392.
La didáctica de la lengua y la literatura no solo se
enfoca en la ciencia del lenguaje y la teoría literaria, sino que se encarga también
de los usos sociales de la escritura y la lectura. De manera que se produce una
compleja y desafiante interacción entre los saberes científicos y las prácticas
sociales que constituye la lectura.
Los orígenes de la didáctica de la literatura se encuentran
en la crítica formulada en los setenta hacia el modelo tradicional de enseñanza
de la literatura, algo que provocó bastantes cambios en ella. En un principio,
la enseñanza literaria se basaba en una transmisión del patrimonio literario a
través de la lectura de clásicos seguidos de un análisis detallado de los
textos por parte del profesor/a. Sin embargo, en paralelo, desde la teoría de
la literatura, surgen aportes para una renovación de la didáctica, enfatizando
la interacción entre el lector y el texto para la construcción de significados.
Se cambia, entonces, el paradigma desde una enseñanza
de la literatura hacia una educación literaria enfocada en la competencia
lectora (progreso en cuanto interpretación y disfrute). Así, los nuevos
objetivos sociales de las escuelas fueron la creación de hábitos lectores y el
placer de la lectura por medio de la promoción de esta (pedagogía del placer:
animación de la lectura). No obstante, este último aspecto provocaría algunos
efectos negativos, ya que, al basar la lectura en el contacto libre con los textos,
el docente comienza a verse como un obstáculo ante el placer lector de los
estudiantes, lo que provocó grandes controversias en cuanto a la tensión
existente entre la importancia del placer y la imposibilidad de fundar una
didáctica en el placer como única finalidad (Munita, 2007, p.383).
Así, se plantea que no se puede fundar una didáctica
de la literatura únicamente en el saber conceptual, pero tampoco solamente en
el placer lector, sino que se debe llegar a un punto medio, donde el objetivo
sea “ayudar al niño a construir las herramientas de sus placeres, y no a la
obligación de experimentarlos (COLOMER, 2001), y en la conciencia de que la
lectura literaria implica un placer “estético, intelectual y cultural que,
lejos de operar por magia, se construye”” (Munita, 2007, p.385). De manera que
los objetivos de la educación literaria son el avance de la competencia
interpretativa y promover la construcción de hábitos lectores (relación
placentera con los textos). Y el objetivo de la didáctica es la adquisición
progresiva de un saber o competencia literarios (saber leer y acceder a
lecturas cada vez más complejas), esto por medio de estrategias diferenciadas,
pero complementarias del desarrollo de la competencia interpretativa y de la
construcción del hábito lector (lectura analítica y guiada y una lectura
autónoma, respectivamente).
De esa forma, el nuevo paradigma encontró en el
trabajo por proyectos su más natural y mejor línea de desarrollo. Esta forma
permite variadas estrategias que “inviten a leer, que permitan identificar y
resolver problemas de comprensión, y que favorezcan procesos de interacción
tanto del alumno con el texto como de los alumnos entre sí en torno a la
lectura” (Munita, 2007, p. 388), tales como la discusión literaria, que invita a
interpretar el texto de manera conjunta, o el carnet lector, la autobiografía
lectora, los escritos de trabajo y los fórums literarios, entre otros.
Los objetivos de la didáctica de la literatura, según
este texto, están bastante claros, se plantea la importancia de los hábitos
lectores impulsados por el profesor como animador de la lectura y por otra
parte se menciona la formación de la competencia lectora en los estudiantes con
el/la profesor o profesora como guía. Esta propuesta de equilibrio entre el placer
lector asociado a la identificación y participación emocional y el placer más
distanciado donde se comprende y se interpreta el texto, entre “entrar” en el
texto y distanciarse de él para analizarlo. Sin embargo, y tal como lo menciona
el autor en su conclusión, estos aspectos son bastante difíciles de llevar a
cabo con los márgenes que implican los currículos impuestos en cada país, los
cuales se centran mayoritariamente en aspectos más formales que no dejan mucho
lugar o tiempo a la educación literaria.
Comentarios
Publicar un comentario