Leer para sentir


Sanjuán, M. (2014). Leer para sentir: la dimensión emocional de la educación literaria. Impossibilia, 8, pp. 155-178.

Para estimular la lectura, el texto adopta la siguiente perspectiva: es imprescindible crear vínculos emocionales profundos entre los contenidos temáticos del texto y la experiencia personal de los y las estudiantes. Este texto de Sanjuán recalca el necesario vínculo emocional como un nuevo acercamiento a la lectura, que también se propone como una solución tangible para la llamada “crisis en la enseñanza de la literatura”.


La crisis se entiende como la poca motivación del estudiantado por la lectura, lo que se refleja en que un gran porcentaje de los estudiantes, cuando egresan del sistema escolar, dejan de leer. Entonces, “se puede lograr que a unos cuantos escolares les interese leer durante un cierto tiempo, pero no tanto crear una afición y un hábito lector” (Sanjuán, 2014). 
Esta crisis se alimenta desde dos perspectivas, desde los alumnos y desde los docentes. Según los alumnos, este estudio arrojó que “el enfoque historicista (...) no es conducente al descubrimiento del placer de la lectura literaria, e incluso puede crear una actitud de rechazo hacia esta “materia escolar”. Este tipo de enfoque es el más privilegiado dentro del centro escolar, donde se entiende como un fin no como un medio (que es lo que Sanjuán sí defiende). Por lo tanto, los estudiantes memorizan datos, biografías, corrientes literarias, pero nunca se establece una conexión personal del tipo emocional con la lectura, por lo cual, nunca se puede descubrir el placer por ella.
Desde la perspectiva docente, hay varias contradicciones. Se entiende que el enfoque historicista no es propicio para desarrollar una motivación por la lectura pero, no obstante, se sigue aplicando. De hecho, se hace notar que los conceptos literarios que son usados en el análisis de un texto literario corresponden a una selección “rebajada” de lo que se ve en un programa universitario de la literatura.
Como respuesta a esta problemática, Marta Sanjuán propone una salida que cambie la metodología de la educación literaria en las escuelas. Para ello, es necesario estimular la lectura personal y la creación de vínculos emocionales profundos entre los contenidos temáticos del texto, sus valores éticos y sociales, que se representan de forma simbólica en los personajes y las acciones que estos realizan dentro del texto. 
Las competencias emocionales han sido menospreciadas en pos de las competencias racionales, sin embargo, estas son vitales y básicas para la vida en sociedad, la convivencia y el bienestar personal. La dimensión emocional es relevante para el aprendizaje en dos direcciones: lo que el alumno con sus emociones y vivencias únicas interactúan en el proceso de la lectura, y también, lo que la literatura puede aportar a la construcción de identidad del que lee.
Si conectamos la propuesta de Sanjuán con la realidad nacional, vemos que hay una relación evidente con el currículum nacional, en cuanto a la experiencia placentera que puede significar la lectura. El objetivo de aprendizaje 1 propuesto por el MINEDUC, se refiere a “Leer habitualmente para aprender y recrearse, y seleccionar textos de acuerdo con sus preferencias y propósitos” (MINEDUC, 2016), es decir, se espera que el estudiante sea capaz de adquirir el hábito de la lectura y que este le produzca placer, despierte sus emociones. No obstante, en la práctica, sigue siendo habitual que la lectura tenga como fin explícito, elicitado por el docente, la nota al libro, por lo que los alumnos no se ven motivados a leer para adquirir nuevas perspectivas o para orientar su identidad personal, sino que lo reducen a algo “fome”, “aburrido” y, sobre todo, innecesario.

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