Multimodalidad en el discurso oral
Payrató, I. (2006). Discurso oral y multimodalidad:
aspectos introductorios. Oralia, 2006, pp. 259 -275.
La multimodalidad tiene una relación estrecha con la
interdisciplinariedad, pues esta permite “resituar las fronteras aludidas,
recomponerlas o simple y directamente, no tenerlas en cuenta” (Payrató, 2006,
p. 260). Por ejemplo, en la psicolingüística o la etnografía de la comunicación
se estudia el diálogo y el lugar donde este se realiza, donde el diálogo es
visto como un “texto a diferentes voces” que se basa en patrones culturales y
contextuales y que se fundamenta tanto en el lenguaje verbal como en el no verbal.
En relación con el lenguaje verbal y no verbal, existe
una gran controversia sobre las fronteras entre uno y otro, puesto que la
multimodalidad hace referencia a la diversidad combinada o sincronizada de
códigos, modos, medios, fuentes o canales comunicativos (Payrató, 2006, p. 261)
y sus subcategorías refieren a modos (multimodo: códigos o lenguajes) y medios
(multimedios: soportes físicos y canales de distribución), por lo que el código
lingüístico o verbal representa un modo, mientras que el medio puede ser oral o
escrito. Así, la verbalidad siempre es multimodal, ya que es verbal
(oral o escrito) a la vez que no verbal (paralingüística: intensidad, timbre,
tipografía, espaciado, etc).
Existen varias submodalidades según el autor que las
categorice, Poyatos, por ejemplo, las categoriza en lenguaje (verbal),
paralingüística (vocal, en su terminología) y la cinésica o kinésica, las
cuales no solo se combinan, sino que también se sincronizan, ya que se usan a
la vez. De esta forma, se comienzan a difuminar las fronteras entre unas y
otras, entre la verbalidad vocal y el resto de los aspectos vocales no
verbales. Entonces, la interacción entre seres humanos no se limita a la
información referencial, sino también a la expresión de emociones por medio de
gestos o elementos paralingüísticos o no verbales (cualidades vocales (tono,
ritmo, etc), caracterizadores vocales (risas, llanto, bostezos, etc),
calificadores vocales (intensidad, altura tonal, etc) y segregados vocales
(pausas, sonidos de asentimiento, etc)).
Los aspectos gestuales se reproducen en las manos, la
cara, los movimientos de cabeza y ojos y en la postura del cuerpo, además de la
manipulación de los objetos del entorno, las características físicas del emisor
y la gestión del espacio, del movimiento y del tiempo. Estos aspectos también
han sido categorizados, por ejemplo, Ekman y Friesen distinguen entre:
emblemas, es decir, gestos que se pueden entender sin palabras (con
significados convencionales y culturales); coverbales o ilustradores, o sea,
que dependen del habla y no se entienden si ella; reguladores, los que
facilitan el intercambio de turnos; adaptadores o gestos de contacto; y
manifestaciones de estados de ánimo. De los cuales, los emblemáticos son los
más cercanos al lenguaje verbal y, por lo tanto, los que difuminan más las
fronteras entre el lenguaje verbal y no verbal.
Se producen, entonces interacciones entre
submodalidades, por ejemplo, Arndt y Jannery describen y explican “las opciones
de los hablantes a la hora de escoger, al mismo tiempo y combinándolos,
elementos verbales, prosódicos y cinésicos para la producción de habla”
(Payrató, 2006, p.269), describiendo una trimodalidad de: reforzamiento
de lo verbal (Ej: Las patatas están bien: valoración positiva sonriendo
o ¡qué demonios pasa!: +intensidad y +tensión muscular), contraste con
lo dicho (Ej: Este es el fabuloso vestido que te vas a poner: frunciendo
el ceño) y de incongruencia (Ej: mi marido murió la semana pasada: sonriendo).
Es relevante, en este sentido, reflexionar sobre lo
que comunicamos, no solo con las palabras orales, sino también con lo que
comunicamos a través de todo el espectro multimodal en el que se basa el
lenguaje, ya que entendiendo este aspecto tan obvio de la comunicación podemos
elegir nuestra forma de expresar los mensajes, por medio de un gesto, de una
mirada, de una frase, con qué tono, con qué volumen de la voz, etc, para que
nuestros mensajes sean mejor entregados y, por tanto, mejor recepcionados, ya
que también es importante intentar “leer” el lenguaje de los demás, para
entender sus intenciones. Es decir, tal como lo menciona el autor, “la metáfora
multimodal nos sirve para imaginarnos y crear (o recrear) un modelo más real y
plausible de la comunicación humana” (Payrató, 2006, p.272) donde se imbrican
tanto aspectos verbales como no verbales.
Comentarios
Publicar un comentario